Por Bruno Cortés El ascenso real no es suerte, es colmillo: domina el juego del poder con estrategia fría y alianzas precisas. En los corredores de las grandes corporaciones de Santa Fe o en los pasillos gubernamentales del Centro Histórico, prevalece una verdad que pocos admiten en voz alta: creer que la pura «talacha» y el mérito garantizan el éxito es una novatada. El análisis de las dinámicas modernas del poder revela que el verdadero ascenso no se otorga a quien más suda la camiseta, sino a quien posee la…
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